Porqué el #MeNo de las señoras francesas nos hace un favor

A cada paso, una reacción. A un lado del Atlántico, unas que pueden comienzan a construir un muro contra la violencia que reciben. Al otro, otras le tiran piedras como si tal asunto fuera con ellas. En fin: otra falsa polémica servida en bandeja por las fábricas de contenido barato en que se han convertido los medios de comunicación. Lo peor: contemplar a tantas mujeres inteligentes hacer el juego de este correveidile y entrar al trapo de un tema que no aporta nada de nada. Las feministas, y mucho menos las periodistas, no conseguimos hablar de lo urgente: pobreza, trabajo, DINERO.

Podemos intentar no leer todo este asunto a mayor gloria de Catherine Deneuve de la manera literal en la que nos lo presentan. ¿De verdad vamos a discutir, al menos las adultas, la distinción entre cortejo sexual y acoso? ¿No huelen estas disquisiciones repetitivas a chamusquina? No podemos seguir enredándonos en discutir cuestiones que ya estaban claras y zanjadas y privarnos de la ocasión de avanzar, si no ya para nosotras, para las que vienen detrás. Avancemos, hagamos avanzar los textos las que los escribimos. ¿Por qué la moda y sus tendencias pueden ser aspiracionales y los textos periodísticos han de buscar de una manera tan grosera la identificación, a veces irracional? ¿Por qué tanto texto reforzando bandos en una cuestión que no existe? Qué triste mercancía.

A mí, lo que me parece más maravilloso de todo este ruido es que cada vez estamos más cerca, muy muy cerca, de cuestionar la posición dominante de los hombres en el régimen sexual actual. Los hombres tienen derecho a expresar su deseo públicamente y nosotras tenemos el deber de recibirlo. Lo que podríamos estar discutiendo es un relevo en la posición dominante en el régimen expresivo del deseo: ¿qué ocurriría su fuéramos las mujeres las que tuviéramos la responsabilidad y el derecho de iniciar el avance sexual? ¿Qué pasaría si la satisfacción de nuestro deseo fuera prioritario y urgente? ¿Cómo afectaría eso al régimen de heteronormatividad que recibimos como instrucción máxima desde niñas? ¿Qué pasaría con las prácticas sexuales habituales? ¿Y con el porno? ¿Y con la prostitución?

Las mujeres, sobre todo las que tenemos una edad, nos hemos educado y socializado bajo la amenaza constante del premio o el castigo de la mirada masculina. ¿Qué ocurriría si fuéramos nosotras las que miráramos, deseáramos y tomáramos? ¿A quién y cómo tomaríamos? Está claro que Catherine Deneuve ha disfrutado (o eso quiero pensar) como objeto de deseo de los hombres, el juego permitido por lo político y lo social, Pero, ¿porqué no podemos cambiar de juego? ¿Por qué no desear que se elimine el factor violento o agresivo que planea en las sombras del cortejo cuando se vuelve caza de forma que nosotras podamos acceder a la posición de sujeto deseante?

En el centro del feminismo sigue aguardando la cuestión que las mujeres nos resistimos a encarar: la cuestión sexual.

Encuentra las diferencias con lo de Antena 3 y Cristina Pedroche

Aquí un empresario chino de máquinas de ferias que, para promocionar su producto, ha decidido introducir una mujer como si fuera un premio más. Una chica con poca ropa como reclamo comercial. Como cebo. Como presa. Como objeto. Como decoración. Como reducción. Como silencio. Como muñecas de carne y hueso. Empresarias de sí mismas. O eso creen ellas.

 

¿Es Beyoncé feminista?

En una galaxia muy lejana, como en 2014, me devanaba yo mucho los sesos con la cuestión de si Beyoncé era feminista o no: las revistas me encargaban muchos articulitos sobre la repentina visibilización de celebrities feministas y no tenía nada claro lo que estaba pasando. Como en el periodismo freelance los plazos te empujan a coger el dinero y correr, me limité a fluir con el flow. Sin embargo, la duda se quedó en algún sitio de mi cerebro como un lugar problemático más trascendente que la concesión o no concesión del carnet de feminista a una famosa. Lo que no terminaba de encajar en mi cabeza era lo siguiente: ¿qué sentido tiene que las periodistas feministas publiquemos textos sobre el feminismo de las famosas o el feminismo del empoderamiento en los medios? ¿Estamos traicionando el ideario feminista o a las feministas mismas al someter una ideología de emancipación a las lógicas de unos productos que, en último término, proponen cierto tipo de sometimiento? No le encontraba sentido a nada.

Para resolver la cuestión, quise que mi trabajo de fin de máster (el Máster en Género y Diversidad que hice en la Universidad de Oviedo) versara sobre el asunto. Por fin tuve una excusa, esta académica, para pensar la cuestión, hasta donde yo puedo pensarla por mi posición ciertamente implicada personalmente. Probablemente una investigadora académica que no trabajara en los medios hubiera llegado a otras conclusiones, acaso más severas. En mi caso no solo ha pesado mucho la necesidad de encontrar un sentido a la manera en que me gano la vida, sino la voluntad pensada y asumida de no escribir para la impotencia y la tristeza, sino a la búsqueda de grietas que nos permitan ir haciendo algo de luz sin quebrar nuestra supervivencia. Y aunque en el fondo mis conclusiones son una carta de amor al periodismo (una carta de amor muy sutil y silenciosa, como las escribimos las norteñas adustas), a la vez pienso que ya se han cerrado prácticamente todas las oportunidades de contar historias con potencial para el cambio en la prensa mainstream y en la mayoría de los nuevos soportes digitales. La noticia-denuncia se ha comido la crónica y el reportaje donde aún podía ponerse sobre la mesa un poco de complejidad.

Una versión corta de mi trabajo de fin de master se acaba de publicar en la revista “Investigaciones Feministas”. Os pongo el link por si os interesa echarle un vistazo. Me llena de orgullo y satisfacción ser capaz de firmar en Cosmopolitan y en las revistas científicas (je, je: Caballo de Troya). El mundo académico no tienen nada que envidiarle al periodismo en cuanto al surrealismo de su mecánica extractiva y competitividad salvaje. Por eso, la investigación que pensé como una ventana que se abría, ha terminado en puertas que se cierran. Empezaremos el año haciendo borrón y cuenta nueva hacia lo desconocido. Haya paz.

http://revistas.ucm.es/index.php/INFE/article/view/54975/52658

 

“Fue Eva la que comió del árbol de la sabiduría, no Adán”

Cuelgo una entrevista a Nawal el Saadawi que se publicó en “Mujer Hoy”, el suplemento de los sábados de ABC, en versión reducida. Nótese que el católico ABC publica las palabras de una autora redomada marxista y atea. Cuando me pasaba la vida en la redacción, recuerdo haberle escuchado a mis mayores que fue ABC el diario que más y mejor contó todo lo de la Movida. Son curiosas estas paradojas: aquellos a los que les supones más restricciones no las contemplan, mientras que los lugares naturales para ciertos textos se cierran en banda. Sin embargo, lo fundamental sigue siendo no autocensurarse. Los periodistas nos autocensuramos todo el rato para encajar, para publicar y para cobrar. 

En un momento especialmente confuso para el feminismo y, en general, para lo político, donde pocos se atreven a poner sobre la mesa diagnósticos con vocación de universalidad, ideas fuertes, y soluciones posibles, la figura de Nawal el Saadawi (Kafr Tahl, Egipto, 1931) emerge como un faro-guía. Uno de los escasos asideros firmes en un mar de ideaciones líquidas y tanteos condicionados. ¿Tendrá que ver con la edad? Su ideario se opone con contundencia a la pertinencia de un feminismo religioso, al velo y a las mutaciones contemporáneas de un feminismo acomodado centrado en la autosatisfacción. A sus 86 años, su figura resulta más necesaria que nunca, como ejemplo, como contraste, como experiencia de vida. Sus palabras son como un relámpago: un destello de claridad en plena tormenta.

En los últimos meses, dos libros centrales en la producción literaria de Saadawi, el ensayo “La cara oculta de Eva. La mujer en los países árabes” (Kailas) y “Mujer en punto cero” (Capitán Swing), su cuarta novela, han llegado a las librerías españolas gracias a sendas reediciones. “La cara oculta de Eva” (Cairo, 1977), se convirtió instantáneamente en un clásico sobre la situación de las mujeres en los países árabes que no ha envejecido un ápice: es un análisis estructural, social y psicológico de las violencias contra las mujeres de gran profundidad. En su primer capítulo, Saadawi narraba su propia ablación a los seis años, y por tal atrevimiento sufrió persecución, amenazas y censuras. Hoy, en el prólogo a esta nueva edición, la escritora prueba que la situación de las egipcias no ha cambiado demasiado: el 85-95% de las niñas siguen siendo mutiladas. Y que su sometimiento tiene que ver más de lo que pensamos con el nuestro propio. Su erudición y razonamientos son tan preclaros e incontestables, que hacen palidecer los manifiestos pop del feminismo de nuestros días.

Escribe Saadawi: “La lengua de la gente es el arma contra la mujer, como la hoja de la navaja o el bisturí, que mutila la mente de la niña desde la infancia, para que no le interese más que su aspecto físico, los polvos de maquillaje o desnudar su cuerpo según las normas del libre mercado o, al contrario, cubrirlo según los preceptos de los hombres de religión, y permanecer con su marido hasta la muerte, aunque la pegue, la humille o la engañe con el resto de las mujeres de la tierra”. Su saber no viene sino de su propia vida. Dice de su segundo divorcio (tuvo tres), producido cuando se negó a dejar la escritura, tal y como le pedía su esposo: “Hombre y mujeres expresaron su rechazo ante mi decisión y dijeron que el matrimonio, la maternidad y conservar la familia son cosas sagradas, más importantes que la escritura en la vida de una mujer, porque esta no había sido creada por Dios para escribir, sino para dar la vida por la maternidad, la familia y la patria. ¿No son esos los valores morales en los que son criados los chicos y chicas en la mayoría de los países del mundo, desde Estados Unidos a Arabia Saudí?”.

“Mujer en punto cero” (Beirut, 1973) toma como punto de partida el testimonio real de una mujer encarcelada y posteriormente ejecutada por matar al hombre que la explotaba. En la ficción, su Firdaus es una muchacha pobre que sufre abusos sexuales de niña, ablación genital y matrimonio forzoso, y a la que la prostitución le ofrece la posibilidad de gestionar su tiempo y su vida. Su retrato del matrimonio como una esclavitud sexual y del trabajo en la calle como empoderante hicieron que el libro fuera rechazado en su país y tuviera que ser publicado en Libia. En esos años, Saadawi vivía ya hostigada por el gobierno egipcio por haber publicado el ensayo “Mujeres y sexo”, en el que abordaba por primera vez un asunto que ha puesto en el centro de su activismo: la ablación del clítoris, que ella misma sufrió de niña. Fue destituida como directora de Educación para la Salud y, en 1981, encarcelada en la misma prisión en la que entrevistó a la Firdaus real.

Doctora en Medicina, psiquiatra, escritora en las quinielas del Nobel y activista, sus avatares políticos y vitales son intensos hasta el punto del exilio (en 1991, a Estados Unidos y por amenazas de muerte de los islamistas). Desde 1996 vive de nuevo en Egipto, donde continúa sufriendo censura (en 2001 sus libros fueron vetados en la Feria del Libro de Cairo) fue acusada de apostasía (en 2002 y 2007, procesos de los que salió inocente) e incomodando todo lo que puede ( en 2005 se presentó como candidata a la Presidencia, solo para suscitar debate). En 2011, ella fue una de las muchas mujeres que se manifestaron en la Plaza Tahrir y desde entonces vive más o menos tranquila en una comunidad copta y respaldada “por el poder de la gente joven”.

Hace 35 años, cuando salió de la cárcel, escribió: “Nada es más peligroso que la verdad en un mundo que miente”. ¿Lo mantiene hoy?

No solo lo mantengo: afirmo que la situación ha empeorado desde entonces. El capitalismo salvaje (con Donald Trump y tantos otros a la cabeza) trabaja mano a mano con el terrorismo religioso. Y las mujeres y los niños son sus víctimas principales

Las mujeres somos entrenadas para no desear el conocimiento. ¿Por qué no hablamos más de ello?

¡Yo sí hablo de ello! Hablo y escribo constantemente sobre la mutilación de la mente, globalmente y también en mi cultura.

De hecho, sostiene que las mujeres desarrollan su intelecto antes que los hombres…

Bueno, la sabiduría no tiene órganos genitales. Pero es cierto que Eva comió del árbol del conocimiento antes que su hombre, y este hecho histórico explica más el poder político de las madres que el sexo.

¿Qué opina del feminismo islámico? ¿Cree que puede ser empoderador?

Ninguna religión tiene entre sus objetivos el empoderamiento de las mujeres. No existe un feminismo verdadero en ninguna de las religiones existentes. Todas ellas son patriarcales y, por tanto, opresoras de las mujeres. Si acometiéramos el trabajo de estudiar en profundidad la historia de las religiones y de compararlas con justeza, todos nos convenceríamos de la necesidad de luchar contra el uso de la religión como argumento en el mercado político.

Ha repetido en innumerables ocasiones que está en contra del ‘hijab’. ¿También del llamado “hijab político” o “hijab identitario”?

Cualquier ‘hijab’, todos los tipos de ‘hijab’, son símbolos políticos de la opresión. El argumento religioso, cultural, identitario o cualquier otro solo trata de engañar a las mujeres.

¿Encuentra factible o interesante la reforma del Islam que algunas investigadoras como Ayaan Hirsi Ali demandan?

Para nada. Forman parte del sistema de poder y este solo utiliza el feminismo para ganar más poder.

¿Qué papel juega la mutilación genital femenina allí donde se practica?

Es un crimen político y médico que practican los regímenes gobernantes patriarcales clasistas religiosos en Egipto y en otros tantos países del mundo para someter a las mujeres a la autoridad de los hombres a través de la privación del goce sexual.

En “La cara oculta de Eva” menciona los crímenes de la circuncisión. ¿Por qué apenas sabemos y apenas hablamos de los niños afectados?

En Egipto, el porcentaje de esta práctica abarca a prácticamente el 100% de la población masculina, de manera que es prácticamente imposible que un niño escape a esta operación quirúrgica en su primera semana de vida, sea musulmán, cristiano o judío. Se ha confirmado médicamente que provoca complicaciones graves en la salud, así como secuelas permanentes, corporales, psicológicas y sociales. Se trata de un tabú político mundial. Ni Naciones Unidas ni la OMS han decidido prohibir la circuncisión en el mundo. La gente tiene miedo de hablar sobre este tema por miedo a las acusaciones de antisemitismo.

¿Percibe cierto renacimiento del sentimiento religioso? ¿Por qué cree que está sucediendo?

La religión es una ideología política que trabaja con el capitalismo global y el imperialismo. Su renacimiento tiene que ver con la necesidad de explotar aún más a la gente y colocarle aún más velos a las mentes. El patriarcado utiliza maneras diversas para nublar el entendimiento, según cómo sea el contexto político, religioso y educacional que domine en cada país.

¿Estamos realmente ante un choque de civilizaciones, ante unas nuevas guerras de religión?

Ese es uno de los argumentos que el poder utiliza para ponerle un velo a nuestras mentes y esconder la problemática real: la explotación del capitalismo colonial.

En la década de los 90, diagnosticó un retroceso del feminismo y una intensificación del conflicto entre los sexos. ¿Cuál es su diagnóstico 30 años después?

La situación es hoy aún peor debido al creciente poder del terrorismo religioso y capitalista. La lucha en favor de la igualdad entre hombres y mujeres y ricos y pobres es una batalla que se va ganando y perdiendo a la vez. Siempre se gana y se pierde. Así es la vida. Sin embargo, creo que el capitalismo y las religiones, no solo el islam, son los principales problemas de las mujeres en todo el mundo.

¿Qué papel ha jugado Internet en el acceso de las mujeres a discursos disidentes?

La conectividad ha ayudado a las mujeres, a los pobres y a los jóvenes a comunicarse y a intercambiar ideas. Incluso ha facilitado la revolución. Sin embargo, ahora los gobiernos están trabajando para usar Internet contra las mujeres y los pobres e invisibilizar sus reivindicaciones.

¿Qué error cometemos las europeas cuando hablamos del asuntos como el velo o la mutilación genital?

No entender el problema real de “la Otra” y olvidar que todas las mujeres vamos en el mismo barco. El problema de las mujeres en el mundo proviene del matrimonio, la opresión de clase, religiosa, racista y física, las leyes, la educación y la sociedad, y por ese motivo todas estamos en el mismo barco.

¿Qué significa para usted escribir?

Para mí, escribir es como respirar.

El Periodismo es Mujer (robo filosófico-estético)

A veces las cosas hacen click y no hay más: el sentido se produce sin más retruécanos. Hoy me ha sucedido justo eso, una especie de minideslumbramiento producida por el ajuste inesperado de dos vídeos aparentemente en las antípodas y del que se deduce (y esa es mi única contribución) lo que digo: si The Future es Female, El Periodismo es Mujer. Vamos, lo que yo llamo mujer que es la sujeta subalternizada de toda la vida, sea cual sea su configuración biológica, pero definitivamente alejada del poder: pobres, racializadas, desidentificadas, habitantes de los límites. Me da mucha pena que se pierda mujer como herramienta filosófica y política vindicativa, más que nada por la hermenéutica que posibilita, pero el concepto es inservible si las mujeres blancas y burguesas no lo desocupamos para que logre acoger a las identidades oprimidas, también, por nosotras.

Creo que este vídeo que adjunto a continuación tendría que ser visto en todas las facultades e institutos. Lo que Cristina Fallarás nos regala es un relato de sentido que se nos ha hurtado y que ya no puede quedar por más tiempo en el armario: la manga ancha que la ciudadanía española demuestra a la hora de votar tiene origen en un relato de lo democrático fraguado, sobre todo, en Prisa, y que viene a convencernos de que cualquier pacto es válido con tal de progresar. Tal es el relato operacional que se instaló en la Transición y que continúa dando sus frutos hoy. Conviene ver el vídeo: Cristina lo explica con una pasión, un convencimiento y unas razones emocionantes.

Pero, antes de ver el vídeo, quisiera pediros que os fijarais también en la ponencia de Olga Rodríguez: de nuevo, cargada de pasión y de razones para denunciar el poco respeto que los periodistas le profesamos al mandato constitucional que protege nuestra profesión. Su impugnación del “periodismo equidistante” y del periodismo de declaraciones es un clamor que nadie se atreve a romper. ¡Brava! Como en el caso de Cristina, no hay por dónde cuestionar su narración, aunque yo sigo encontrándole mucha miga a la forma de su exposición. En ellas percibo yo una búsqueda de sentido a lo grande, totalmente desvinculada del ego, asentada en la experiencia personal pero elevada a la categoría de asunto público, sin retóricas de refuerzo de la propia valía. En suma, una notable ausencia del yoyoísmo habitual en estas performances que sí leo en las intervenciones de los dos periodistas, Fernando Berlín y Pere Rusiñol (ex redactor jefe de El País). ¿Percibís el impulso personalista o son imaginaciones mías?

¿De dónde viene esa pasión, esa rabia por la expulsión que infringen hoy los medios de comunicación a las periodistas que pretenden contar la realidad, esa tremenda moción de censura a todo el sistema? ¿Qué las carga a ellas de tanta razón e indignación que no alcanza a los mucho más circunspectos compañeros? ¿Cómo logran ellas afectar tanto más que ellos con discursos doblemente complejos? La respuesta la he encontrado, poco después, en otro vídeo, este protagonizado por Noelia Adánez. Se trata de su sesión sobre feminismo en la universidad de verano del Teatro del Barrio. Noelia problematiza filosóficamente el concepto de igualdad que manejan las instituciones en las que se maneja la sociedad para no asumir las reclamaciones de justicia de las mujeres. Después de verlo, me queda meridianamente claro porqué las mujeres estamos doblemente armadas para detectar y explicar las brechas por las que el sistema o cualquier subsistema nos expulsa.

Las mujeres estamos fuera del sistema, fuera de las instituciones, fuera de las leyes, desde que la Ilustración dio carta de naturaleza al individuo abstracto como base de su proyecto para la Modernidad. Pensar que los desarrollos legales e institucionales de los últimos tres siglos nos contemplan es engañarse, de la misma manera que las fuerzas antifascistas se engañaron para firmar el Pacto de la Transición. Lo institucional, el Periodismo incluido, es una ficción, un timo o, como dice Olga, “una farsa”. Las mujeres lo sabemos de primera mano, porque sufrimos doblemente las expulsiones que el sistema produce cada vez más rápida y generalmente: la pobreza es solo la última vuelta de tuerca de la expulsión de la individuación de lo humano que sufrimos al nacer. Somos las extensas idénticas, el otro que distingue al uno, el objeto mudo e ininteligible. Nosotras sí tenemos un corpus teórico, una teoría explicativa y una narración sobre este proceso de expulsión que ahora impulsa el neoliberalismo porque ya se nos impuso en el Pacto de la Ilustración. Nuestra rabia no se contiene desde hace un año, un lustro ni una década, sino desde hace 300 años. Lo raro es que nos conformemos solo con rabiar.

No diga micromachismos, diga micromachitos

Creo que estamos asistiendo a un salto de gigante en lo que a manifestaciones de la masculinidad se refiere. Yo diría que se trata de una expansión open air de la lógica de Forocoches, no se sabe si propulsada por la euforia testosterónica del rearme patriarcal o como estertor desesperado de algunos machos afectados por el menguar de espacios para sus cipotes. Sea como fuere, el fenómeno trae consigo el fin del disimulo, la retórica oscura y la sutileza, herramientas que la masculinidad tóxica ya no cree necesarias para atraerse a más fans. “Haya luz y taquígrafos sobre nuestras vergüenzas, espejo exacto de las vuestras”, braman los machoheridos. Lo que venden es el género bruto, el cacho carne como tarjeta de presentación, un aquí-estoy-yo-usted-no-sabe-cómo-la-tengo-de-grande que desata lorolos entre los aspirantes a macho tipo Jorge Bustos. Por supuesto, ya sabemos que debemos leer las adjetivaciones del marketing justo como sus antónimos, y donde unos aluden al mítico tamaño nosotras entendemos micro. Cuanto más agresivo el desempeño discursivo, menor es el tamaño de sus argumentos.

Los tweets del diputado Girauta, de Ciudadanos, son la enésima muestra de cómo cierta generación cipotuda en plena crisis de la mediana edad, con la testosterona sublimada en discurso, recurre al “aquí mando yo” de los comandantes ante el más mínimo peligro de cuestionamiento intelectual. La ansiedad de sometimiento que exuda su tweet, la autoimagen que, según se desprende del mismo, posee el diputado Girauta sobre sí mismo,  destapa una vez más a un político que no se reconoce en la tarea de servicio sino en la del gran dictador, el gran dominador, el gran follador y, en secuencia lógica, el gran inseminador, gracias a su potencia legislativa. Lo que nos está queriendo decir Girauta es que nos la va a meter queramos o no. Nos la va a meter y luego nos va a sacar al bebé y se lo va a vender a quien le salga a él de su cipote, porque nuestro cuerpo solo sirve para gestar y el suyo ha sido creado para legislar. Sus deseos son nuestras órdenes porque, ya que no encuentra satisfacción física a su necesidad de masculinidad, ha de aliviarse en nuestras leyes, tal y como manda la tradición de un Congreso de los Diputados lleno de cipotes deseosos legislar sobre nuestros cuerpos.

 

Resulta ya un poco molesto asistir casi todas las semanas a alguna manifestación de la increíble masculinidad menguante de estos micromachos, ávidos de atención y de conversación. Los hay que piensan que hasta de abrazos. Sin embargo, sería bueno que consideraran dónde deciden depositar sus diarreas de género, ya que convertirán en letrina allá donde defequen su ansiedad mal digerida, sea una revista, un perfil social o una legislación. Cada vez aguanto menos la evidencia de que son precisamente machos los que manosean legislativamente, políticamente, económicamente nuestros cuerpos, machos en los que aún arraiga la vieja convicción de la superioridad de su sexo frente al que consideran débil, utilitario y descartable llegado el caso. Machos, ellos y ellas, para los que los pobres, los viejos, los diversos física o mentalmente, los enfermos, los gordos, los disidentes del género y los sexualmente divergentes son anomalías del sistema.

Me llama tremendamente la atención cómo los argumentaron políticos que discuten las leyes que afectan al cuerpo de las mujeres (aborto, prostitución, vientres de alquiler) rehuyen conscientemente abordar el que para mí es el asunto central de la controversia: la situación de pobreza de las mujeres que, por lo general, recurren a su cuerpo como recurso productivo. Y, sobre todo, su instrumentalización por parte de agencias a modo de distribuidores a comisión. ¿Por qué no se discute el papel de los intermediarios? ¿Por qué no se prohíben las agencias? ¿Por qué no se pone sobre la mesa el derecho de la madre a quedarse con el niño si así lo desea tras el parto? ¿Por qué llamamos a esta mujer gestante en vez de madre? ¿Por qué los hombres que defienden la subrogación no hablan de la mecánica del parto? ¿La conocen? ¿Cómo valorarían económicamente que la madre contrajera diabetes, infecciones puerperales, depresión, tiroiditis o artritis tras dará luz? ¿Y los puntos de episotomía? ¿Cómo pagamos cada milímetro de vagina rajada?

La discusión sobre la explotación de los cuerpos de las mujeres en el mercado de cualquier forma posible se me queda cada vez más corta. Creo que hemos de asumir que vivimos en un sistema tecnocapitalista en el que el neoliberalismo justifica cualquier tipo de transacción en el mercado y que muchas mujeres que no tienen más patrimonio que sus cuerpos han de sobrevivir en estas condiciones. ¿No sería mucho más útil y justo plantear de una vez la necesidad de una renta básica que nos permitiera una vida digna sin necesidad de autoexplotarnos en modo y forma alguna? Al eliminar la pura necesidad de sobrevivir de la ecuación, ¿no quedaría el asunto de la subrogación y de la prostitución al albur de los principios morales y religiosos de cada uno? Más aún: al menudear las experiencias del cuerpo en el mercado hoy atestado, no se pagaría más y mejor todo lo que tuviera que ver con el sexo y la reproducción? ¿O soy yo la única a la que 20 euros por un polvo y 5.000 por un niño le parece otro chiste del patriarcado?

El Feminismo en el menú

Era cuestión de tiempo y de clicks. Hoy veo por primera vez que FEMINISMO aparece como una opción temática más en un menú del website de un medio de comunicación. No se trata, por supuesto, de un periódico o un medio de información general, sino de una revista de moda. El FEMINISMO pasa así a convertirse en una herramienta más del menú que las revistas de tendencias ofrecen a sus lectoras para su mejor autocontrol y autodisciplina. Aquí, el FEMINISMO se une a los dispositivos castradores de la belleza o la moda para aplacar la sed narcisa de identidad y de presente infinito a las consumidoras, ofreciéndoles consuelo específico a su propia inanidad gracias a la promesa de una vida empoderada dentro de los límites del consumo. Las jóvenes lectoras de SMODA podrán así informarse sobre el FEMINISMO blanco, racista y extractivo que promocionan las revistas, sin que su universo autocomplaciente y desconectado sufra la más mínima grieta. De hecho, se llamarán a sí mismas FEMINISTAS y se sentirán en la vanguardia de su propia revolución, sin importarles lo más mínimo los indigentes ocho euros la hora que le pagan a la señora que les limpia y les plancha. Han de ahorrar porque ser FEMINISTA hoy es carísimo: las buenas cremas no bajan de los 100 euros. Chicas, hay que quererse.