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Los hombres me cuentan a Rosalía

SI entendemos nuestro tiempo a través de sus manifestaciones culturales o, al contrario, las estrellas de la cultura expresan para todos los públicos las claves de un tiempo, ¿quiénes son los intérpretes, los llamados a desencriptar esos sentidos, los que nos guían en la tarea de entender y entendernos? La figura que nos interesa, por su vinculación con lo sacerdotal, nos impele a emanciparnos y a elaborar nuestra propia vía de acceso a «lo divino cultural». Sin embargo, ni estamos tan emancipados de las interpretaciones ni aún en el caso de máxima desvinculación están estas libres de una metainterpretación que las ponga a vivir.

Hoy viene al caso Rosalía, esa artista en la que ya hay quien quiere ver la otra España, la que consuela de la ranciedad tradicionalista con su vistoso collage de sonidos. Rosalía es ahora mismo un lugar de poder para la interpretación, pues su nombre excita la lectura y todo intérprete es un poco parásito de su objeto. La disputa por el objeto Rosalía en las secciones de cultura de los medios de comunicación marca la posición de poder del crítico: no es lo mismos escribir la crónica del Sporting de Gijón que la del Real Madrid. Nótese la comparación de la cultura con el fútbol, dos campos de la información igualmente misóginos.

No se trata de impugnar las crónicas que leemos hoy, aunque salta a la vista que todas repiten ciertos lugares comunes y solo dos alcanzan a compensar el tiempo que se echa en leerlas, sino de darnos cuenta de que fijan y dan esplendor a la interpretación única fijada por el hombre que lo hace todo en el periodismo cultural y que replican sus clones en toda la cadena de producción de contenidos bajo coste. Lo que hoy leemos sobre Rosalía es una especie de acuerdo interpretativo avalado por cierta élite sacerdotal. La narración de un tipo de relación que se desvela, en la repetición machacona de ciertos valores y percepciones por parte de distintos autores, como un relato atado y bien atado a lo ya dicho y escrito. Los textos sobre Rosalía son expresión de una única subjetividad, esa que los defensores del periodismo sin géneros creen universal. Textos aparentemente inocuos que son esencialmente políticos, pues producen mirada, mundo, sentido, valores. ¿Los valores de quién?

 

Hay un periodista cultural que lo escribe todo.

Nos ponemos sus gafas, aprendemos sus definiciones.

Dentro de nosotras vive este señor con sus interpretaciones.

 

 

 

 

 

 

 

 

Terrorismo machista y prensa femenina: una relación complicada

Llevo todo el día viendo cómo los distintos medios presentan el caso de Laura del Hoyo y Marina Okarynska, asesinadas en Cuenca por el ex novio con antecedentes por maltrato y retención ilegal de Marina. Y, vaya, nada fuera de lo habitual: la prensa se lava la conciencia aludiendo una y otra vez a la ausencia de denuncias y aprovecha en cuanto puede para culpabilizar a la víctima y victimizar al culpable. El mundo al revés que tan bien se explica desde el análisis de los privilegios del heteropatriarcado. En otra palabras: nena mala.

Como las imágenes valen más que mil argumentos, os planteo algunos pantallazos para la reflexión crítica. En posesión de todas mis facultades racionales, yo diría que hacen falta profesionales con formación específica en las redacciones. Pero si me dejara llevar por la mala leche, pediría la cabeza de algunos a la Reina de Corazones.

*El País y ABC coinciden al mostrar el sesgo de género en el tratamiento de la violencia ejercida por las mujeres y por los hombres: ella degüella, él mata (la mujer siempre muere, pocas veces es asesinada).

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*El terrorismo machista no se considera tal. Ni hablar de contextualizarlo en un agravamiento de la sintomatología de la enfermedad patriarcal. El sexismo y el machismo ambiental no tiene nada que ver. Son casos individuales, aislados y que no se pueden prever: sucesos puros y duros. Quizá por eso no encuentro en prensa ningún columnista/analista que se atreva hoy con la cuestión de fondo: no existe. Sólo un valiente en ABC sigue la línea ideológica de negar la mayor y afirmar el menor daño posible para el sistema: es cuestión de locos y locas.

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*Sin sentido ni sensibilidad: el peligro de las florituras. Un retruécano inesperado se produce en El Mundo, con una ilustración ilustrativa (¿de verdad es necesario ilustrar violencia con violencia?) que pone los pelos de punta.

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*Para rematar, una página creada para total descargo de los agresores: no sólo ellas no denuncian con lo que se privan de la protección que pudieran reclamar a la sociedad, sino que ellos son víctimas, aturdidos momentáneamente por una enfermedad no descrita que sólo esperan que les abran los ojos. Algo así. De nuevo, ni rastro de alusión a la posibilidad de que nos encontremos ante los #hijossanosdelpatriarcado

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Visto el panorama en las “ligas mayores”, ¿qué habríamos de esperar las mujeres de las revistas femeninas de los sábados? El tema tiene su intríngulis, sin duda… En principio, resulta bastante extraño que las revistas no se pronuncien en sus redes de alguna manera ante unas muertes que dominan hoy la conversación de las lectoras. Ni YoDona ni MujerHoy dicen ni mu de las muertes de Cuenca o Castelldefels, o de las muertes que llevamos en todo el verano. Sin embargo, un breve repaso a las webs y al timeline de SModa me lleva a replantearme si no será, esta callada por respuesta, la contestación más honesta.

En el muro de Facebook de MujerHoy no existen hoy Laura y Marina ni tampoco en el de YoDona. Y casi es mejor así. Esta semana, El Mundo colgaba en su web un reportaje sobre violencia de género con un error/desliz/descuido terrible, terrible, que no te explicas cómo se le puede haber pasado por alto a la cantidad de profesionales que supervisan los contenidos, a no ser que estos se vigilen desde un punto de vista estrictamente mecánico, sin una sensibilización expresa en violencia de género. Tomado de la revista Yo Dona, donde aparece efectivamente bajo el indicativo Reportaje/Sociedad, en la web lo consideran un tema de Lifestyle. Y se quedan tan anchos, oiga.

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Otro tratamiento paradójico del terrorismo contra las mujeres que me hace replantearme la bondad de que las revistas se apropien del asunto es el que realiza SModa.
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¿Cómo una publicación que mantiene el sexismo extremo propio del sistema de la moda/belleza, con su control coercitivo extremo sobre cómo ha de ser el cuerpo de las mujeres, defender coherentemente la no violencia contra las mujeres? Quiero decir: la violencia simbólica que estas publicaciones realizan es cada vez mayor. ¿Es ético que se laven las manos de su función engrasadora del sistema de género sumándose sin más, sin más acto de contrición ni propósito de enmienda ni dolor de los pecados, sin haber expuesto siquiera las razones hondas de las más de 1000 muertes que nos vamos a echar a la mochila este año?

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Así las cosas, casi es preferible que no digan nada. Que admitan, con su silencio, que de alguna manera forman parte, como formamos parte todos, de la ingeniería social antediluviana que nos ordena para que unos sean dominantes y otras, sumisas; unos poseedores y otras, poseídas. Porque todo el relato de la feminidad, del amor y del cuerpo que con mayor o menor coerción plantean rema en la misma dirección que los relatos que construyen a esos machos dolidos en su hombría, desposeídos de su virilidad y locos de amor que terminan matándonos. Yo creo que ese silencio, además de servil con la publicidad que nos vende la aspiración a Matrix, también es una manera digna de no sacar partido del dolor, de respeto a las víctimas y a sus familias. Yo lo prefiero.

El comentario amoroso-sexual de las mujeres que crean: ay qué pesado, qué pesado

Existen muchas maneras de valorar la exquisitez de un texto, incluso de un texto periodístico. El estilo, la forma, es importante. De hecho, los textos firmados por escritores se cotizan mucho más en prensa, ya que se les supone un estilo literario muy caro de encontrar entre los periodistas. Algunos lectores encuentran el colmo de la elegancia en la sobriedad máxima, en el significado despojado de adjetivos (¿y no sería este el manierismo máximo?). Otros disfrutan los retruécanos con sentido. En realidad no es tan importante: un buen lector sabe apreciar lo literario de cada estilo.

Existe, sin embargo, un valor objetivo que condiciona como ningún otro la bondad, la belleza y la mencionada exquisitez de un relato: la conciencia de sí mismo, su calado ético, los valores que porta. Con la colaboración o a pesar del escritor, los textos revelan el fondo de armario simbólico, cultural y ético del autor, exponiendo con cada palabra cómo es el mundo que ha podido o ha querido darse, en qué consideración tiene a sus lectores y cómo es el mundo que reclama. En este sentido, el texto es el sujeto, es personal y es político. Más aún el texto periodístico, en cuyo corazón yace siempre el ánimo de persuadir o, al menos, seducir.

La poeta irlandesa Eavan Boland escribió en 1989 el ensayo “Como una cicatriz” (lo recomiendo a todos los que haya de escribir para ganarse la vida o la felicidad, se publicó en el volumen “Nación, diversidad y género”, editado por Anthropos), en el que pone de manifiesto una clamorosa reclamación ética a los poetas irlandeses que, durante décadas, han venido escribiendo su nación en el cuerpo de una mujer o han utilizado el cuerpo de las mujeres como persistentes y congeladas musas. Extracto dos párrafos que abundan un poco en esta cuestión de la ética interna de los textos, que quizá ayuda a entender mi sorpresa por las publicaciones que relataré a continuación.

“Después de todo, no es este un ensayo sobre el oficio de este arte: No estoy escribiendo sobre la estética sino sobre la ética, que es mucho menos visible en una tradición poética. Quién escribe, lo que ella o él propone como tema apropiado para la poesía, qué ser descubren y confirman a través de dicha materia temática, todo esto implica una elección ética”.

“Cuando leía aquellas simplificaciones de las mujeres sentía que había un defecto subyacente en la poesía irlandesa; casi una debilidad geológica. Toda la poesía de calidad depende de la relación ética entre la imaginación y la imagen. Las imágenes no son ornamentos; son verdades. Cuando leía textos sobre Cathleen Ni Houlihan o sobre la Vieja del camino, o sobre Dark Rosaleen, sentía que una relación ética necesaria corría el peligro de ser violada una y otra vez; que una relación meramente ornamental entre la imaginación y la imagen se estaba transmitiendo de poeta a poeta, de generación a generación; se estaba convirtiendo en la práctica poética ortodoxa. La violación, incluso más que la simplificación, era lo que me alienaba.

Cuando la imagen se ha distorsionado la verdad se degrada. Tal como yo lo veía, este era el meollo de la cuestión. Al servirse de la vieja convención, al utilizar y re-utilizar a las mujeres como iconos y quimeras, los poetas irlandeses no sólo estaban trabajando con emblemas. También estaban privando a las mujeres reales de un pasado real: mujeres cuyo silencio deberían haber roto sus poemas. Corrían el riesgo de convertir a una testigo terrible en un elemento decorativo vacío. Uno de los propósitos irónicos de mi argumentación ha sido señalar que aquellos emblemas ya no están en silencio. Han adquirido una voz. Han pasado de ser poemas a ser poetas”.

Todo este rollo viene a cuento de una bienintencionada sección que, cada domingo, publica la sección de Cultura de El Mundo, firmada por el poeta, último Premio Loewe, Antonio Lucas. A priori, más exquisitez imposible a la hora de poner en página un homenaje a ciertas mujeres creadoras denominadas “Heterodoxas”, según la RAE, “disconformes con las doctrinas generalmente admitidas”. En el caso de las mujeres escritoras, lo de heterodoxas es una redundancia: ¿acaso no ha ido siempre contra la norma social que las mujeres escibieran? Una escritora es siempre, siempre, heterodoxa. Pero no va por ahí mi objección lectora a la página de Antonio Lucas.

Existen varios subterfugios del micromachismo, la misoginia y el esnobismo a la hora de lidiar con la problemática figura de la mujer que crea, especialmente de las escritoras. El primero es hablar de ellas como musas, alumnas o seguidoras de un hombre creador, al que se considera superior. Es frecuente ver en las zonas destacadas de los textos periodísticos que hablan de las creadoras la referencia a los hombres con los que se relacionaron. Sin embargo, no sucede así al contrario: jamás se habla en titulares, entradillas o sumarios de las relaciones de esos genios con las mujeres creadoras de su entorno. De alguna manera se infiere que las mujeres creadoras, por sí solas, no serán capaces de atraer a los lectores y que su trabajo está necesariamente subordinado al de ellos. Se nos empaqueta periodísticamente como los seres subalternos que simbólicamente somos.

Una segunda herramienta del micromachismo, la misoginia y el esnobismo periodístico y cultural es hacer referencia sí o sí en las zonas destacadas de la página, esos lugares que serán al menos ojeados por los lectores, a las relaciones sentimentales de las mujeres creadoras. La obra de las mujeres no se considera por si sola interesante o, al menos, no tan interesante como que tal mujer haya sido la novia, esposa o amante de un hombre indudablemente más relevante. La tercera herramienta del mocromachismo, la misoginia y el esnobismo periodístico cultural es reforzar cansinamente el imaginario que une a la mujer con el amor, lo sentimental, lo romántico o lo directamente sexual, forzando la persistencia del estereotipo de la mujer como cuerpo, como caos, como naturaleza, y no como palabra, como mente, como creación. En las piezas periodísticas sobre mujeres creadoras lo raro es no encontrar una referencia a su persona como amante, amada u objeto sexual.

Y ahora que os he soltado la teoría, la práctica. Veamos cómo lo hace Antonio Lucas: atentas a las constantes referencias al sexo, el placer, la posesión, lo sentimental, el deseo, la belleza física, el orgasmo, el amor, la pasión y demás parafernalia léxica que inmoviliza a la mujer en un papel único e unívoco.

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Veamos ahora cómo trata la figura masculina en una página de contenido (biográfico) similar. El imaginario es bien distinto y remite a cierta épica de la masculinidad.

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En fin, me diréis que soy una exagerada, una puntillosa o una feminazi. Admito todas. Sin embargo, sería tan fabuloso que hombres y mujeres de la cultura contemporánea (Antonio Lucas no es ni de lejos un carca de espíritu, creo) tomaran en consideración la agenda de la igualdad en el territorio de lo simbólico, de la cultura, de la prensa, como una exigencia ética de su propia exquisitez personal y profesional… Pero para construir un imaginario en el que todos seamos iguales es necesario deconstruir el que nos ha sido dado, siempre que no estemos en conciencia alineados con aquel… ¿Respaldamos o no respaldamos la cultura patriarcal y machista que hemos heredado? ¿Se hacen esta pregunta los y las poetas, los escritores y las escritorias, los y las periodistas que construyen las narrativas que nos explican?

Sexismo on the rocks en la sección Cultura de El Mundo (caso práctico)

Hay cosas que, para creerlas, hay que contarlas. Ponerle números. Es la única manera de hacer frente a los caretos de profundo tedio que me suelen poner cada vez que saco a colación algún asunto que tiene que ver con la postergación de la mujer. Es literalmente una vergüenza cómo el negocio de la cultura trata a las creadoras, y esta es una generalización que se puede hacer sin que nadie venga a sacarte los colores. En el caso de los periódicos, el sexismo rampa como las huestes de Atila; donde más, en donde menos debería suponérsele, ya que es el lugar donde se imagina una alojados a los espíritus más civilizados y sensibles: la sección de cultura. Durante los meses que precedieron al verano, cada día, y uno tras otro, no salía de mi asombro al ver el contenido de la sección. ¿Es esto un periódico o un programa de divulgación cultural para jóvenes? ¿Cómo es posible que rara vez aparezcan creadoras? ¿Por qué sólo salen tías buenas, Jackie O y Carla Bruni?

Las mujeres que trabajamos en el ámbito de la cultura sabemos de sobra del rampante sexismo que aqueja a nuestro negociado, sordo a las denuncias y reclamaciones que se realizan desde instancias mucho más versadas en el asunto que esta. No voy a descubrir la pólvora al escribir que es el ámbito de la creación, el del pensamiento, la escritura, el arte, el que más se resiste a las mujeres, precisamente por ser las ocupaciones más elevadas, prestigiosas, valoradas y, por tanto, más ocupadas y okupadas insistentemente por hombres. Puede haber genios, pero de genias ni hablar (¿a que suena hasta raro?). Por extensión, no son demasiadas las mujeres que pueden escribir en los medios de comunicación sobre cultura. Muchas veces resisten en ‘disciplinas ligeras’, la moda, el diseño, mientras cine, literatura y arte son relatados por los mismos. Lo de la crítica de cine es particularmente sangrante, por cierto.

Volviendo a las que podrían ser protagonistas, por algún motivo (¿sexismo? ¿falta de información? ¿desconexión con la realidad?) el espacio simbólico de la cultura se les niega frontalmente. No sabemos porqué los que deciden qué aparece en las páginas de los periódicos (en este caso en El Mundo) no consideran la producción cultural femenina lo suficientemente relevante. ¿Se resolvería la cuestión si más mujeres pudieran participar en la toma de decisiones? Probablemente. En los meses que observé, son las (escasas) mujeres periodistas las que suelen escribir sobre las mujeres creadoras. Bien es cierto que son jóvenes (menores de 50). Las profesionales veteranas que han tenido que ganarse el puesto en las redacciones deben también alinearse con el pensamiento dominante para sobrevivir, como es el caso de Laura Revuelta, de ABCD Cultural, lamentablemente formateada. Como contrapartida, otras creadoras como Laura Freixas nos abren camino a las que venimos detrás en la buena dirección.

En los meses que observé (febrero, marzo, abril, mayo, junio), los hombres de la redacción de El Mundo jamás glosan a creadoras vivas (sólo alguna genia muerta). La aparición de mujeres, ya sean creadoras, actrices o simples figuras femeninas usadas como recurso gráfico, es mínima y sujeta a condicionamientos curiosos. Por ejemplo: casi siempre son actrices y bellas (nada de divas del teatro de belleza distraída ni mucho menos actores que puedan considerarse atractivos). No parece haber mujeres en el resto de las Artes. Las mujeres españolas no crean. Si acaso, las extranjeras. Cuando la figura femenina aparece como recurso fotográfico, es fácil que esté semidesnudas o sea un mito eróticos Si aparece una mujer y no es una recién fallecidas, una genia muerta de aniversario o alguna amante o familiar de genio (Picasso, Marx…), han muerto en circunstancias anormales, como suicidio. La muerte de Ana María Matute, por ejemplo, no mereció portada en la sección. Se la llevaron los Rolling Stones. Estas son las mujeres de la Cultura para El Mundo.

Febrero: de las 133 noticias publicadas, sólo 9 se refieren a mujeres. 

Isabel Toledo (moda), Violeta Urmana (ópera), Keira Knightley (actriz), Concha Velasco (actriz), Jennifer Connelly (actriz), Lea Seydux (actriz, y con referencia directa en el titular a su escote), Sue Grafton (escritora), Russian Red (cantante y compositora), Sandra Bullock (actriz). No contabilizamos como apuesta por lo femenino a Gracia Querejeta (ya que va en reportaje de grupo sobre los Goya), ni a Natalia Molina (acompañamiento de David Trueba en los Goya). Tampoco la foto de portada dedicada a Arco, que es una stripper casi desnuda.

Marzo: de 102 noticias, 12 se refieren a mujeres.

Ana María Moix (fallecimiento), Taiye Selasi (escritora), Ami Tan (escritora), Colita (fotógrafa), Yoko Ono (artista, viuda de), L’Wren Scott (diseñadora, ex novia suicida de Mick Jagger), María Zambrano (genia muerta), Frida Kahlo (genia muerta), Paula Bonet (ilustradora), Beyoncé (mujer más poderosa del año), Marguerite Duras (genia muerta), Anna Netrebko (diva, acompañando a Mutti). Figuras decorativas: Lupita Nyong’o, una mujer desnuda frente a Fellini (en portada claro), Edita Sherman en fotos de Bill Cunningham y Jacqueline (mujer de Picasso).

Abril: de 113 noticias, 8 se refieren a mujeres

Consuelo Císcar (ex directora del Ivam, destituida), Nica Rothschild (apellido obliga), Elena Poniatowska (Premio Cervantes), María Irazusta, Mirecka Ploss, Montserrat Caballé (asunto impuestos), Laia Ripoll, No contabilizo las que vienen en pack: Eva Amaral, Pilar Vaquero, candidata a dirigir la Academia de Cine, y que aparece con Enrique Gonzalez Macho, y Rocío y Junior, en un texto de Mendicutti. Figuras decorativas: en portada, una ilustración protagonizada por una mujer en el tema «Arquitectura y lujo» (parece ser que el lujo sí es cosa de mujeres); Marilyn y Liz Taylor, a propósito de una expo sobre Hollywood clásico, y Nuria Espert, recurso en un texto sobre traducciones teatrales.

Mayo: de  107 noticias, 5 se refieren a mujeres

Enmanuelle Beart, Blanca Marsillach, Jackie O, Nativel Preciado (en un breve sin foto), Vanessa Winship y Kara Walker. Como figuras decorativas aparecen Nicole Kidman (como Grace de Mónaco en un texto sobre la película) y Marian Cottillard (junto a los Dardenne).

Junio: de 118 noticias, 14 se refieren a mujeres

María Callas, Poetisas suicidas del XX, Eleanor Marx, Jackie O (otra vez), Violette Leduc, Ana María Matute (por su muerte), Helena Pimenta, Cindy Lauper, Aurora Egido, Carla Bruni (inexplicablemente, dos veces en el mismo mes), Edna O’Brien, Charlize Theron.

En el análisis de la presencia de mujeres en la portada de Cultura de El Mundo (titulada genéricamente EM2, porque integra ciencia, toros, crónica rosa y comunicación, asuntos que he ignorado), un sesgo añadido al sexista llama poderosamente la atención. Casi por sistema, la portada está ocupada por un nombre incontestable de la creación o el pensamiento universal, fallecido en el siglo pasado. Por este espacio privilegiado del periódico sólo pasan genios y bien muertos. La enumeración de nombres llega a ser francamente ridícula. Tanto, que ya no puede llamarse a este selección conservadurismo, sino la exposición a las claras de los límites que interna o externamente acotan el flujo de ideas en la sección. ¿Es autocensura? ¿Miedo? ¿Consigna? ¿Convencimiento? Sea como fuere, proliferan los refritos acerca de la vida y obra de genios canónicos con la excusa de cualquier aniversario, biografía, epístolas o exposición, en noticias absolutamente previsibles y programables. Como si el periódico fuera un libro de Historia. La creación contemporánea, y lo que tienen que decir, creadores y creadoras de hoy, los filósofos, sociólogos, economistas e intelectuales en general, ha desaparecido del periódico, que ya no habla de hoy, sino de ayer.  

Como sucedió con el sesgo sexista, los datos son más expresivos que las palabras. De febrero a junio se publicaron 150 portadas, de las que no he tenido en cuenta 33 dedicadas a temas científicos (donde la paridad, por cierto, es exquisita), una dedicada a un asunto de toros y otra, inclasificable, a propósito de San Valentín. Las 115 portadas restantes se dedican a los siguientes protagonistas:

Genios muertos: 66

Orwell, Greco, Poe, Proust, Ciceron, Zweig, Artaud, Van Gogh, Vatel, Cervantes, Giacometti, Kafka, Chet Baker, Lacan, Camba, Bellow, Onetti, Shostakovich, Montaigne, Tarkovski, Beckett, Unamuno, Beatles, Passolini, Fellini, Kazan, Bill Evans, William Blake, Shakespeare, Foucault, Hitchcock (y las mujeres, claro) Cezanne, Picasso (y sus amantes), Cartier Bresson, Leopardi, Paco de Lucía, Herman Melville, Panero, Lyndon B. Johnson, Himmler, García Márquez, Juan Marías, Miles Davis, Jean Vigo, Michael Jackson, Lévi-Strauss, Henry James, Azaña…

Creadores vivos: 16

David Trueba, Spike Jonze, Ricardo Mutti, Mick Jagger (2), James Salter, Pedro J. Ramírez, Quino, Yves Bonnefoy, Jimmy Page, Pete Townsend, Banville, Javier Gomá, Ignatieff, Talese, Gino Paoli.

Genias muertas: 3.

Poetisas suicidas del siglo XX (así, como grupo, Plath, Sexton, Pizarnik, etc); María Callas, Marguerite Duras.

Creadoras vivas: 1.

Elena Poniatowska (Premio Cervantes)

Asuntos retrovintage: 13

Orient Express, Castratti, Literatura vs. Best séllers, Café Gijón, editorial Gredos, Hotel Gran Vía, Sherlock Holmes, Historia de los paparazzi, Mi padre, escritor.

Asuntos culturales vivos: 16

Arco, Goya, La desaparición de la puntuación, El hombre moderno en el cine, Oscar, El final de los libros, Arte subversivo, Cierre de Cinecitta, Lujo y arquitectura, Creadores ucranianos, Rastros de la carabela Santa María, Ensayo sobre el progreso social, Cerco a Google, Bulli, Superviviente de ‘Monuments Men’, El Rey y las Artes.

 ¿Se puede esperar que los lectores de periódicos paguemos suscripciones anuales visto el tipo de información que nos suministran? ¿Es el recurso (un poco cobardica) a los clásicos la manera de seducir a los lectores del siglo XXI? ¿Se puede permitir una cabecera nacional (aventuro que la situación en ABC, La Razón y resto de regionales será similar; de El País, no me atrevo a aventurar, ya que no sigo su versión papel) ignorar a las mujeres, un 39% de los lectores en 2005 y un 41% en 2010, según la Asociación de la Prensa de Madrid? Los periódicos se mueren, sí. Pero los profesionales que los hacen posible no hacen nada para remediarlo.