Por qué el mensaje tóxico de los Javis es letal-viral

Érase una vez un señor joven al que la vida le sonrió y, en el mejor ejemplo de mansplainning pitoniso que hemos visto hasta la fecha, decidió utilizar su poder mediático y su influencia entre la chavalada crédula para decirles que “TE VAN A QUERER Y VAS A ENCONTRAR TU SITIO”. ¿Mensaje infantil, mensaje ingenuo o mensaje tóxico? Los tres.

El discurso de Javier Calvo es un ejemplo perfecto de toxicidad por la vía de la terapéutica, una necesidad ampliamente explotada por el capitalismo, cuyo radar de detección de necesidades y deseos urgentes hace tiempo que concluyó que depositar la responsabilidad del éxito y la sanación exclusivamente en la capacidad del individuo engordaba un suculento mercado de adminículos, discursos y entrenadores dedicados a la automejora. Todo empezó por el famoso “si quieres, puedes” que, en el retrúecano de los Javis, se convierte en “todo va a salir bien”. Confiad en el mercado, confiad en el Estado, confiad en nosotros, confiad en lo que hay. LO QUE HAY PROVEERÁ.

Confiad, porque los Javis “VAMOS A ESCRIBIRTE HISTORIAS PARA QUE TÚ TE SIENTAS INSPIRADO”. Con su mercado de jóvenes sobradamente desesperados (y con razón ) bien cogido por los huevos de la sentimentalidad a saco, y con su propia historia de éxito como ejemplo de verdad, estos jóvenes emprendedores aseguran: NOSOTROS TENEMOS VUESTRA MEDICINA. Nosotros os contaremos historias que os harán triunfar, como lo estamos haciendo con los chicos de “Operación Triunfo”.

¿Es esto un timo en prime time, una ingenuidad egocéntrica o pura y dura expresión de la subjetividad millenial del capitalismo liberal apolítico y desclasado?

Recordemos: el paro juvenil en España es el segundo más alto de toda la Unión Europea, solo por detrás de Grecia: 40,5%. Según un informe del Observatorio de Emancipación del Consejo de la Juventud de España, en 2017 el 37,6% está en riesgo de pobreza o exclusión social. Los jóvenes que sí trabajan necesitan el 60,8% de su sueldo para pagar la hipoteca. Si optan por el alquiler necesitarán el 85,4% del mismo. El 47,7% de los jóvenes trabajadores desempeña trabajos de menor cualificación que la que poseen. El horizonte de esperanza (ya ni hablamos de “realización personal”) para la mayoría de los menores de 30, aquellos que no tendrán la oportunidad de estudiar en el extranjero e integrarse en la élite global, pasa por emigrar hacia trabajos esclavos o autoesclavizarse a sí mismos en el negocio turístico-hostelero nacional. Más que narcotizarlos con un “todo va a ir bien”, ¿no habría que tratar de repolitizar a toda esta gente para que DEMANDARA FURIOSAMENTE su derecho a un futuro y un presente digno? Pues no: lo que los Javis proponen es QUE VAYAN AL CINE A INSPIRARSE. Porque todo el mundo sabe que, para salir del “no future” que nos propone hoy nuestra realidad política y económica, lo que hace falta es INSPIRACIÓN.

Este tipo de discurso anestésico, hipertóxico y sentimentaloide está más que estudiado. Esta es la estrategia de autoayuda y empoderamiento personal que podríamos analizar en LA OBRA de los Javis y, en especial, en el discurso del Javi que nos ocupa.

Sigo citando un trabajo académico de Andrea Vanina Papalini, “La autoayuda, un género de la literatura masiva”, que me parece muy clarificador del fondo ideológico de este discurso viral-letal:

La literatura de autoayuda satisface todos estos requerimientos: se involucra claramente con los problemas de los sujetos y su voz se hace oír por boca de otros que exteriorizan padecimientos semejantes, construyendo de esta manera la verosimilitud de la proposición del texto. Asume los deseos colectivos de felicidad –cifrados, básicamente, en la obtención del éxito y la eliminación del sufrimiento- y proporciona alternativas plausibles ante circunstancias perturbadoras. Los discursos de la ciencia o de la experiencia justifican sus respuestas. La “realidad” que muestran estos textos es fácilmente reconocible, pues se trata de la cotidianeidad.

En la modalización que oficia la literatura de autoayuda aflora el “tono” de la época actual. Primero, porque la “revelación de los dolores del alma” ante un público extraño y masivo es culturalmente “audible” sin extrañeza alguna, en el mismo sentido en el que la subjetividad se vuelve un tema esencial y se adueña del núcleo vital de las preocupaciones sociales. Segundo, porque la apelación al otro con intención de convencer es un hecho corriente: es el lenguaje con el que la publicidad interpela a diario a la multitud. Tercero, porque el “hágalo usted mismo” a partir de una receta hunde sus raíces en dos significaciones vertebrales de la sociedad capitalista moderna: la noción de “utilidad” y la entronización del individuo omnipotente el “conquistador”, el “emprendedor”.Esta mirada ciega la visión de la sociedad y sus conflictos, anulados por la restricción al mundo individual.

Las prácticas terapéuticas tendientes a superarlos se basan en el control de las representaciones de los sujetos. Puede afirmarse que el objetivo perseguido es mejorar la adaptación a las condiciones de existencia, en consonancia con el universo de creencias y valores que caracterizan al capitalismo tardío.

En “Literatura de autoayuda: una subjetividad del Sí-mismo enajenado”, la misma autora concluye lo siguiente:

La autoayuda se ofrece como un espejo que retrata los padecimientos subjetivos de los hombres y mujeres contemporáneos y que propone una vía individual de resolución de conflictos. (…)  Otra de las técnicas consiste en la denegación del mundo. Se enseña a prescindir de la mirada del otro, de su crítica e inclusive de su opinión. La autoafirmación se basa en la omnipotencia del ego que todo lo puede y no necesita de nadie. El individuo es erigido en centro del mundo y no tiene otra responsabilidad que el éxito. Fortalecido el yo, tampoco existen responsabilidades hacia los otros. La ética que se postula es una ética del “cuidado de sí” egocéntrico. Estas técnicas, que persiguen como significación central la idea de éxito, apuntan a una condición del yo: la autoestima. (…) Vista así, la literatura de autoayuda se preserva a sí misma, pues no se confronta con una factualidad externa al sujeto sino que depende de la valoración y sentido que éste otorgue al mundo. La medida de su eficacia depende de las mismas representaciones que se propone readecuar: si el sujeto no percibe cambio alguno, es porque naufragó su intento y a él le cabe la responsabilidad por ese fracaso.

(..)

La experiencia del “cuidado de sí” deviene pseudo- experiencia que excluye los peligros de las sensaciones y sentimientos extremos, dolor y amor, felicidad y desdicha entre ellos. La autoayuda colabora en la mascarada de la despreocupación y la simpatía preten- diendo que las tribulaciones son nocivas para la vida. Su acción es semejante a la del analgésico, que disimula la primera alerta, las señales físicas; y a la del narcótico, que impide sentir. Es una estrategia de fuga donde no hay escape posible; es una fuga del afuera, es la negación del otro y de uno mismo.

Tanto para los defensores de la cultura de masas como para sus detractores, ésta socializa al individuo en las virtudes de obediencia y conformidad, enseñándole a aceptar el sistema social como orden natural perenne. Las organizaciones productoras de la cultura masiva, de la que los medios de difusión son parte, son instituciones del consenso, que reproducen los valores hegemónicos y que tienden a excluir ideas disidentes o formas simbólicas novedosas pongan en riesgo las significaciones instituidas. Los libros de autoayuda hacen de ésta su tarea. La experiencia literaria resulta así vicaria, ofreciéndose en su lugar una instancia de reproducción social. Lejos de iluminar senderos emancipatorios, construyen una subjetividad ausente: con lo paradojal que pueda parecer, se trata de una subjetividad del Sí-Mismo enajenado.

¿No sería síntoma de un verdadero interés en las personas, en la situación de desesperanza de muchas, en su sensación de inutilidad, promover la reunión, la asociación y la militancia cívica y política como lugar para la esperanza y el cambio? El sistema está construido para extraer toda la potencia que encuentre en nosotros. ¿No vendrá nuestra terapia de la acción política, militante, cívica, efectiva en vez de una anestesia opiácea suministrada aquí a través de productos culturales, pero que tanto recuerda al Oxicotín que se está llevando por delante a la clase media empobrecida estadounidense?

Estamos drogados casi todo el rato por la televisión o por las redes sociales. Somos habitantes de una no-vida que se parece mucho a la que Stanislaw Lem describió en “El congreso de futurología”. Necesitamos despertar al dolor de lo que nos están haciendo y de lo que estamos haciendo. Los muertos del Mediterráneo y de los campos de exterminio de Turquía, los desesperados de los desahucios y la pobreza, las apaleadas por el trabajo esclavo y las violadas de las fronteras no van al cine.

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