La fuga del feminismo

De repente, llegan hasta mí, percibo o deseo-imagino muchas señales que alumbran un camino de salida del feminismo como herramienta de futuro. Creo que ya es hora de incorporarlo como un lugar de deslumbramiento que ha producido todos los efectos que había de producir. Los textos feministas cambian, sin duda, la vida que se deja afectar, pero los recibo ya más como un trampolín que te propulsa hacia otro sitio que como una posición en la que quedarse. Ahora que la palabra patriarcado puede ser dicha en el telediario, debe existir otra frontera en la que las cosas no sean impulsadas por la máquina total. Las palabras todas del feminismo que circula hoy han sido ocupadas, vaciadas y desactivadas. No hay proyecto ni hay red, hay autosatisfacción y complacencia. El feminismo que ha superado el cambio de siglo no subvierte, sino que se ve obligado a reproducir para sobrevivir. ¿Qué ha pasado para que hablemos más de sororidad, un sentimiento de solidaridad que siempre ha existido en los barrios obreros y clases medias-bajas y bajas, que de sospecha, una herramienta mucho más necesaria para habitar hoy la realidad? ¿Por qué se está imponiendo de una manera tan cruda y sin apenas resistencia la agenda neoliberal del consumo y de los deseos en el programa feminista?

Todo esto pienso mientras veo esta portada, la de la revista feminista que Conde Nast, editora de “Vogue”, pone en la calle de cara al 8 de marzo. La máquina de la feminidad heterocapitalista es feminista. Claro que sí, guapis.

 

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