H&M y las niñas que tienen que ‘arreglarse’

Mientras el mundo gira, millones y millones de niñas son adiestradas por sus madres y por la publicidad para que enfoquen sus energías y preocupaciones en lo que tradicionalmente se ha denominado “arreglarse”. Y aclaro desde ya que no estoy hablando de los ritos de cuidado del propio cuerpo que trasladan respeto por una y por los demás. Hablo de lo que todas conocéis: mascarillas, acondicionadores, puntas, tinte, depilado, láser, hidratantes, antiedad, base, iluminador, antiojeras, bbcream, colorete, máscara de pestañas, sombra, barra de labios, manicura, pedicura, exfoliante, planchas, reafirmantes, anticelulíticos… Todo un universo de parafernalia que ocupa tanto o más tiempo que la confección del estilismo con el que hemos de lograr la aprobación del común de los mortales. Heavy. Tutoriales en youtube para aprender a utilizar todos los artilugios y tecnologías de lo estético a millones. Rock&roll.

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El concepto de ‘arreglarse’ es tan sexismo y viejuno, que me ha sorprendido encontrármelo en nada menos que en una publicidad de H&M. Está claro que las industrias del cuerpo tienen que programar a sus futuras compradoras (a sus madres) para que hereden la inquietud de arreglarse. ¿A quién le iban a vender sus ‘arreglos’ si no? Quiero pensar que la disminución del gap entre géneros conllevará también el relajo de estos ritos de chapa y pintura que, bajo la ficción de conferir ‘seguridad’ a las mujeres y adolescentes, las persuade de que su cara no tiene valor al natural y que sólo bajo esa máscara de afeites lograrán ser aceptadas y valoradas. En fin, no quiero exagerar: el maquillaje maquilla y nos vemos más guapas (y guapos). Pero de ahí a la actual imposición social que obliga a las mujeres a enmascararse desde que salen de la cama hasta que se acuestan…

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Mujeres que cambian desayuno por maquillaje. Mujeres maquillándose en el metro, en el coche, en el portal. Mujeres que llegan tarde a trabajar porque han de maquillarse. Mujeres que no se encuentran finas y seguras porque no llevan su capa supercubriente de imperfecciones inapreciables. Mujeres que censuran a otras mujeres porque no se han maquillado suficientemente. Hombres que piden a sus mujeres y novias que se maquillen. Las hay que hasta han de acostarse con su maquillaje, uñas postizas, apliques de pelo y lentillas fake cuando ligan y tienen que despertarse antes que el ligue para recolocarse la tramoya. It’s a tragedy.

Cómo son, por cierto, esos recurrentes textos de las revistas en los que las mujeres recuerdan a sus madres maquillándose y las citan como modelos de los que aprendieron todos esos gestos con los que se construye la feminidad que nos separa del mundo. Pobres madres que no pudieron darse ni darnos las herramientras para resistir la gran máquina devora mujeres de las industrias del cuerpo. Mientras nosotras pensamos en la peluqueria, el maquillaje y la moda y competimos por ser la que más gusta, ellos juegan al fútbol, leen, escuchan música, aprenden a programar, estrechan lazos de fraternidad y refuerzo.

No convirtamos a nuestras niñas en princesas, jóvenes dependientes de la aprobación de los demás, mujeres susceptibles a la violencia verbal y física. Llevémoslas más lejos.

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Criemos superlolas 🙂

  1. teuladieduca

    hola! me ha parecido muy interesante tu articulo. estoy en un grupo de profesores que hacemos básicamente refuerzo escolar y he colgado tu articulo en nuestro wordpress con un pequeño comentario previo y mencionando su procedencia. Si no te parece bien envianos un mensaje y lo quitaremos

    gracias!

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  2. Sara Moros

    Y la cosa llega tan lejos que hay cada vez más mujeres para las que el maquillaje, la depilación, la peluquería, la cosmética ya no son suficiente y acuden a la cirugía para perseguir una perfección enfermiza. Es muy triste ver tantas mujeres que terminan siendo caricaturas de sí mismas. Y más triste aún es cómo, en lugar de entender qué hay detrás de eso, las juzgamos y criticamos.
    Cuando recuerdo mi adolescencia siento mucha pena de todo el tiempo perdido mirándome al espejo pensando en cómo podría gustar más. Me da pena esa inseguridad profunda y cotidiana que lo teñía todo de cierta melancolía y que hacía que tener amigos, varones, fuera casi una misión imposible.
    Y ahora necesitamos emplear mucho tiempo para hablar de esto, desentrañar las razones reales y sus consecuencias y cambiar las cosas. El mismo tiempo que perdimos en la juventud arreglándonos y mirándonos al espejo…
    Un abrazo
    Sara

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  3. Fernández Hernández

    la juventud empieza cuando una está por fin en condiciones de gozarla. Todo lo anterior fue justo y necesario entrenamiento. Qué suerte que nos trajo hasta aquí 🙂

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  4. Sara Moros

    No sé por qué pero no puedo darle a Me gusta. Así que te lo digo: ¡me gusta! En lugar de una queja, una oportunidad… Me gusta!!! Voy a incluirlo en mis mantras diarios y cada vez que sienta pena por aquella niña pensaré en esta mujer y en la que ha de venir.
    Besos

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